Esto de vivir
No vale la pena desnudar el alma.
De hecho, está un poco sobrevalorado.
Porque cuando empiecen la guerra
y se acaben el amor,
cuando quemen la montaña
y no haya más paisaje ante mi cuarto,
cuando privaticen toda lluvia
y se extinga el arcoíris,
cuando sellen mi ventana
y no entre un ápice de viento,
y se seque nuestra cama,
y no haya más carreteras a mi casa,
y el único camino sea el ensimismamiento,
y no haya mano temblorosa
que toque el timbre de mi puerta,
ni haya tiempo para arrepentirse de un error,
habrán cortado cada una de las flores
y con ellas el vestigio de mi piel
y el latido de mi corazón.
Hacés muy bien en no venir, mi amor.
Porque esto de vivir está absolutamente sobrevalorado.
Christian Echeverría González (2017, del poemario Poemas de la finitud, Editorial Cazam Ah)
Escribir
Yo escribo porque estoy vivo.
Yo no le debo nada a Sabines
ni a Luis de Lión;
no fui ninguno de sus espermas.
Yo escribo porque sin mis palabras
no me encuentro la vida por ninguna parte.
Ya busqué y no está.
Por eso,
yo necesito imperiosamente
que mis palabras,
mis misericordiosas y bondadosas palabras,
tengan conmigo el mejor de los amores:
el espejo.
El espejo ígneo
que me diga que aún no soy
el cadáver putrefacto
que seré y
que casi nadie va a llorar.
Que con la misma indulgencia
que reciben los genocidas en mi país
me devuelvan todos los besos
que no negocié
cuando yo también tuve ganas de matar.
Que me devuelvan todas mis risas al viento
cuando debí hacer silencio.
Que me devuelvan los consejos inútiles
que nadie me pidió,
las preguntas que he hecho,
las respuestas que he dado.
Todas mis soledades:
las que reposan en las estrellas
y las que solo conoce mi piel.
Las mil trillones de veces que me han olvidado.
¿Qué le debo yo a Miguel Ángel Asturias,
si yo escribo porque
no sé hacer nada más?
No aprendí a ganarme la vida
como los campesinos sin tierra,
los choferes o
los diputados.
Como lo hace mi mamá desde hace 50 años.
No pude ni quise.
Vivo sin merecerlo
y eso sí que es digno de escribir.
Christian Echeverría González (2016, del poemario Asuntos inconclusos, Editorial Cazam Ah)
Yo, el Rebelde
Había que hacer dinero,
pero yo acumulé ternura.
Había que regar hijos por el mundo,
pero yo me hice nacer a mí mismo.
Había que ser proveedor,
pero a la mesa nunca llevé pan, sino rebeldías
que fueron mi alimento.
Había que estudiar Literatura para escribir poesía, sí,
pero yo escudriñé mi alma y luego la tuya;
y saqué la tinta para escribir
del sudor de mi cuerpo y luego del tuyo;
y no cerré mis ojos a mi verdadero lugar en la historia
ni al tuyo,
aunque no lo quisiéramos ver,
aunque creyésemos, ingenuos,
que era arriba, en las estrellas,
o aunque no quisiéramos tener ninguno,
y así me puse a escribir.
Y había que ir con la patria a caminar,
acompañarla por el camino de su historia,
pero vi que la patria estaba muerta,
que la mataron hace mucho
y que los muertos no pueden caminar,
ni para adelante ni para atrás, ni resucitan;
que la patria, en sí misma, es un mito,
y mucho más su caminar.
Así que me vi solo, como siempre,
pero yo sí estaba vivo,
y comprendí que los únicos pasos
que en verdad me pertenecen son los míos.
Y entonces di uno, muy chiquito,
PERO COMPLETAMENTE MÍO,
y fue suficiente para sonreír.
Christian Echeverría González (2022, del poemario Colapso, Editorial Cazam Ah, Guatemala)
Al extraño
Soy experto
en los esqueletos del maíz.
¿De dónde cree que saco el amor para vivir?
Mi corazón es un suspiro más,
¿no lo veo a diario en la espina de su indiferencia?
¿Que por qué le leo versos en la calle?
Pues para contarle al viento de las alas de un extraño;
para hablarle a la tibieza del tiempo de sus miedos,
a los buitres de la resistencia de los pájaros
y a los higos de la lengua de amantes olvidados;
a las vísceras de la impotencia,
al cuerpo del corazón y al corazón del cuerpo.
¿Para qué otra cosa quieren la palabra los esclavos?
Y sí, tiene toda la razón:
yo salvo almas de la muerte y amores del olvido,
y salvo pieles de la sequía implacable del orgullo.
Me duelen los pies y la palabra,
pero ¿quién me salva a mí, poeta inútil? ¿Quién?
¿Quién renace mis amores?
¿Quién, con su humedad, me siembra lirios en los huesos?
¿Quién si no la misma tierra para poder vivir y no por un recuerdo palpitante?
Buenas preguntas, extraño.
Tan buenas como su silencio.
Christian Echeverría González (2017, del poemario Poemas de la finitud, Editorial Cazam Ah)